Seguramente has escuchado las teorías de Andrés Oppenheimer de las que tanto se habla durante estas vacaciones y que auguran la desaparición del 47% del empleo. No hace falta ser un tecnopesimista para tomarse esto aunque sea un poco en serio. De una manera o de otra, todos lo vemos venir, pues ningún sector queda fuera de estos cambios producidos por la evolución tecnológica, que en la actualidad se sucede a un ritmo muy superior que en ninguna otra época.

No será necesario documentar demasiados ejemplos para situarnos: en el banco empezaron por dotar de cada vez más funciones a los cajeros automáticos, y un buen día nos ofrecieron un tipo de cuenta con ciertas ventajas especiales a cambio de que todo lo que quisiéramos hacer lo hiciéramos por internet y jamás, jamás, apareciéramos por la oficina; todos realizamos compras online y en un marco globalizado, y asumimos que el comercio tradicional no puede competir ni en precio ni en servicio con lo que recibimos a cambio de un clic; etc.

Particularmente nosotros no creemos que se mastique la tragedia: el ser humano no se va a aniquilar a sí mismo por medio de las máquinas que él mismo ha construido; en cambio, la dirección que están tomando los acontecimientos sí puede y debe hacer reflexionar a cada uno sobre qué tipo de futuro le espera en el sector que hasta el día de hoy le ha servido para ganarse la vida. Concretamente en el ámbito de la formación hay algunas cosas que están claras: un profesor leyendo unos apuntes mientras un grupo de alumnos los copian dejó de tener sentido hace mucho tiempo, incluso mucho mucho antes de que contáramos con plataformas de teleformación que implementan las herramientas de comunicación actuales. Mucho menos sentido tiene la modalidad “a distancia”, paradigma del anquilosamiento, que nunca gozó de las ventajas ni de uno ni de otro sistema de formación. Ese sistema sí que requería por parte del alumno un nivel de automotivación y disciplina que rozaba lo sobrehumano.

¿Dejará de haber espacio para las empresas de formación? ¡NO! Ninguna de ellas tiene por qué desaparecer, pero es necesario renovarse. ¿Perderán su sitio los profesionales que hasta hoy han podido ganarse la vida en este sector? ¡NO! Pero habrán de reinventarse. Dedicarse a la formación pretendiendo no entrar en la teleformación es, ya hoy, un sinsentido. La formación es necesaria: realmente ninguno de los sectores que hoy existen desaparecerá como tal, ¡la formación tampoco! Pero la realidad se está transformando y experimentará más cambios y se hace necesario prepararse y poner un pie en el mañana si queremos seguir estando ahí.

Hay destrezas en las que las máquinas jamás nos igualarán y mucho menos sustituirán. Hablamos de la creatividad, o de la habilidad comunicativa. Los ordenadores no van a crear los contenidos por nosotros, tampoco pueden dinamizar la participación  de un grupo de alumnos ni guiar los procesos formativos. Pero estos perfiles están cambiando y es necesario formarse para poder ejercer las nuevas profesiones brindadas por el marco actual.

Crear contenidos exige nuevas destrezas. Los nuevos alumnos son nativos digitales, captar su atención requiere el uso de recursos de muy diversa naturaleza, han crecido en medio de la sobreinformación y contando con la posibilidad de huir con un solo clic de todo lo que les aburre. La actual construcción de información está condicionada por los nuevos mecanismos que hemos desarrollado para percibir la realidad y orientarnos en ella.

Es necesario formarse en herramientas de autoría de contenidos, en aplicaciones de creación de recursos, actualizarse continuamente. Ya no basta con que cada cual conozca su materia, son necesarias otras competencias digitales que permitan generar contenidos para los nuevos soportes, adaptarse a los niveles de interactividad que hoy son básicos.

Tutorizar exige nuevas destrezas. Mantener la motivación, fomentar el interés por los contenidos e integrar al alumno en el proceso formativo on line implica poner en funcionamiento técnicas y procedimientos hasta hace no tanto tiempo desconocidas. El nuevo paradigma ofrece nuevos recursos para realizar un correcto seguimiento del alumno. Pero el hecho de que existan potentes herramientas de comunicación no implica que todo el mundo sepa utilizarlas; ni siquiera implica que cualquier docente anterior a esta era sepa cuándo o cómo utilizarlas. El alumno que aprende en modalidad teleformación tiene unas necesidades concretas: ¿las conocemos? ¿sabemos cómo responder ante ellas? El papel del formador como transmisor de conocimientos dejó de tener sentido hace mucho tiempo. Todo lo que sepas de una determinada materia ha pasado a ser irrelevante si deseas dedicarte a formar.

Y, si los perfiles profesionales han cambiado al ritmo de los nuevos modelos de formación y aprendizaje, obvio es también que tener un centro de formación ya tampoco puede seguir siendo lo que era. Atrás quedaron los tiempos en los que montar un centro de formación consistía en tener las aulas y contratar docentes, cada uno de ellos especialista en su materia. Todos los elementos pasan por la reinvención: los espacios cambian de sentido, así como los docentes, los recursos, materiales y procesos. ¿Estás preparado?

Hay mucho trabajo por hacer. La formación sigue siendo, como antes ya lo era, un campo prometedor. No merece la pena quedarse fuera por no adaptarse. La teleformación es ya hoy la modalidad más fomentada por las administraciones públicas, y las oportunidades que se abren con la impartición de Certificados de Profesionalidad on line son sólo el comienzo.

Es imprescindible, por tanto, contar con una plataforma de teleformación adaptada a los requerimientos de la administración, homologar el centro formativo para la impartición on line, trabajar en constante actualización, hacerse con una bolsa de docentes capacitados para guiar los procesos formativos a través de las nuevas herramientas de comunicación y asumir que todos los contenidos con los que hemos trabajado en otra época necesitan ser adaptados.

¿Es difícil? Visto desde fuera, probablemente sí. Pero la cuestión sólo está en ponerse, formarse y localizar los recursos necesarios para convertirse en un centro de formación de hoy. Lo dice nuestro amigo A. Alegre: cuando no sabes cómo hacer algo, tú simplemente empieza. Y, si no sabes por dónde empezar, habla con nosotros.

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